Artículo original

 

 


LA FORMACIÓN IDEOPOLÍTICA DEL PUEBLO EN CUBA DESDE EL PENSAMIENTO DE FIDEL CASTRO RUZ. PAPEL DE LOS CUADROS DE LA REVOLUCIÓN

 

THE IDEOLOGICAL AND POLITICAL FORMATION OF THE PEOPLE IN CUBA FROM THE PERSPECTIVE OF FIDEL CASTRO RUZ. THE ROLE OF THE CADRES OF THE REVOLUTION

 

 


Luis Antonio Guerra Vega I   https://orcid.org/0000-0001-6551-2208

Tania María Almarales Jacas I  https://orcid.org/0000-0002-7103-9872

Rafael Claudio Izaguirre Remón II   https://orcid.org/0000-0001-6295-3374

 

 

I Universidad del Partido Comunista de Cuba “Ñico López” Facultad del Partido Comunista de Cuba “Desembarco del Granma” Bayamo, Granma, Cuba.

vdipgrm@espnl.cu, direcciongrm@espnl.cu,

II Universidad de Granma Bayamo, Granma, Cuba.

rizaguirrer@udg.co.cu

 

* Autor para la correspondencia: direcciongrm@espnl.cu

 

Clasificación JEL: I21, I23                                                 

 

DOI: https://doi.org/10.5281/zenodo.21874321

 

Recibido: 11/03/2026

Aceptado: 04/07/2026

 

Resumen

 

La formación ideopolítica del pueblo constituye un pilar estratégico para la continuidad y profundización del proyecto social cubano. El artículo aborda la vigencia del pensamiento de Fidel Castro Ruz en dicho proceso y singulariza el papel de los cuadros de la Revolución como sujetos activos de transmisión y práctica de los principios ético-políticos. El objetivo está centrado en reflexionar acerca de la formación ideopolítica del pueblo en Cuba a partir del pensamiento de Fidel Castro Ruz y refiere el papel protagónico de los cuadros de la Revolución en su implementación. Se empleó una metodología cualitativa, basada en el análisis documental de discursos, escritos y obras de Fidel Castro Ruz, así como en la revisión de programas de superación político-ideológica vigentes en Cuba. Se aplicaron técnicas de análisis de contenido y hermenéutica dialéctica. Se concluye que la efectividad del modelo cubano de formación ideopolítica del pueblo está relacionado directamente con el papel protagónico de los cuadros de la Revolución, quienes deben actualizar críticamente su accionar frente a nuevos desafíos, sin renunciar a la esencia humanista y antimperialista del legado de Fidel para garantizar la sostenibilidad y legitimidad del sistema político.

 

Palabras clave: Formación ideopolítica del pueblo, pensamiento de Fidel Castro Ruz, legitimación política, educación popular

 

Abstract

 

The ideological and political formation of the Cuban people constitutes a strategic pillar for the continuity and deepening of the Cuban social project. This article addresses the enduring relevance of Fidel Castro Ruz's thought in this process and highlights the role of the Revolution's cadres as active agents in the transmission and practice of ethical and political principles. The objective is to reflect on the ideological and political formation of the Cuban people based on the thought of Fidel Castro Ruz and to emphasize the leading role of the Revolution's cadres in its implementation. A qualitative methodology was employed, based on the documentary analysis of speeches, writings, and works by Fidel Castro Ruz, as well as a review of current political and ideological training programs in Cuba. Content analysis and dialectical hermeneutics techniques were applied. It is concluded that the effectiveness of the Cuban model of the people's ideological and political formation is directly related to the leading role of the Revolution's cadres, who must critically update their actions in the face of new challenges, without abandoning the humanist and anti-imperialist essence of Fidel Castro's legacy, in order to guarantee the sustainability and legitimacy of the political system.

 

Keywords: Ideopolitical formation, higher education, Fidel Castro's thought, political legitimacy, popular education.

 

Introducción

 

La formación ideopolítica del pueblo en Cuba se erige como una necesidad estratégica para la sostenibilidad del proyecto socialista. En un contexto de transformaciones sociales, el llamado es a desempeñar un papel esencial en la preparación de ciudadanos críticos, participativos y comprometidos con los ideales revolucionarios. El pensamiento de Fidel Castro Ruz ofrece un marco teórico y práctico invaluable para comprender y dirigir este proceso.

 

Autores como Freire1, Marx2 y Martí3 han subrayado la relación indisoluble entre educación y liberación. En Cuba, esta relación se expresa a través de la formación ideopolítica, entendida como un proceso educativo intencional que desarrolla conciencia crítica y capacidad de ejercicio del poder político Addine4, Álvarez de Zayas5. Sin embargo, persisten desafíos en su implementación, donde no siempre se logra una articulación efectiva entre la teoría y la práctica revolucionaria.

 

El objetivo de este artículo es reflexionar acerca de la formación ideopolítica del pueblo en Cuba desde el pensamiento de Fidel Castro Ruz y el papel de los cuadros de la Revolución en este proceso. Se parte de la premisa de que los cuadros de la Revolución con el conocimiento y la preparación política e ideológica, deben contribuir de manera decisiva a la consolidación de un pueblo preparado para ejercer y defender el poder político.

 

Materiales y métodos

 

Se realizó una investigación cualitativa basada en la sistematización y el análisis crítico de fuentes documentales. El enfoque metodológico se sustentó en la revisión teórica de textos fundamentales del pensamiento revolucionario cubano e internacional, con énfasis en las obras y discursos de Fidel Castro.

 

El universo de estudio estuvo compuesto por documentos primarios y secundarios, que incluyeron:

·         Discursos y escritos de Fidel Castro (1959, 1961, 1993, 2003).

·         Textos clásicos del marxismo y la pedagogía crítica (Freire, 1970; Marx, 1985).

·         Investigaciones contemporáneas sobre educación política en Cuba

·         Documentos del Centro de Estudios Martianos (2021) y publicaciones de la Revista Cubana de Educación Superior.

 

La técnica de análisis de contenido y la hermenéutica dialéctica permitieron identificar categorías centrales como "formación ideopolítica", "educación popular", "conciencia crítica" y "papel de la educación superior". El proceso consistió en:

1.      Selección y clasificación de fuentes.

2.      Lectura crítica y codificación de contenidos.

3.      Triangulación teórica.

4.      Síntesis interpretativa.

 

Este procedimiento facilitó la construcción de una perspectiva integral sobre el problema de investigación, articulando el legado de Fidel Castro con los desafíos actuales de la educación superior cubana. Para ello se abordaron aspectos como la fundamentación teórica de la formación ideopolítica del pueblo como praxis social, la dimensión política intrínseca al acto educativo y la formación ideopolítica como proceso social y político en el pensamiento de Fidel Castro. Además, se destaca el alcance y la trascendencia en el contexto actual, así como los desafíos y perspectivas.

 

Resultados y discusión

 

Fundamentos teóricos de la formación ideopolítica del pueblo como praxis social

 

En un contexto regional y global marcado por procesos de crisis civilizatoria, ofensiva neoliberal y disputas por el sentido de lo común, la pregunta por la formación ideopolítica del pueblo adquiere renovada vigencia en el campo de las ciencias de la educación. El concepto de formación ideopolítica alude a un proceso intencional y sistemático mediante el cual los sujetos, los colectivos sociales y el pueblo en general, se apropian de una visión del mundo, desarrollan convicciones, valores y modos de conducta acordes con el proyecto sociopolítico cubano, y se preparan para intervenir conscientemente en la transformación de la realidad. Lejos de reducirse a la mera instrucción, su naturaleza es profundamente práctica y vinculada a la vida social.

 

Desde una perspectiva marxista, la educación es una superestructura determinada, en última instancia, por la base económica, pero dotada de una relativa autonomía y una capacidad reactiva sobre la estructura que la condiciona. Marx y Engels6 en La ideología alemana, "las ideas de la clase dominante son las ideas dominantes en cada época". Esto implica que el sistema educativo, en cualquier formación económico-social, tiende a reproducir los valores, las normas y la cosmovisión de la clase en el poder. Sin embargo, esta no es una ley mecánica. La educación es también un campo de batalla ideológica donde pueden germinar y desarrollarse las concepciones alternativas y emancipadoras de las clases oprimidas.

 

Esta dialéctica entre la función reproductora y la potencialidad transformadora de la educación ha sido ampliamente teorizada. Pierre Bourdieu y Jean-Claude Passeron7, en su teoría de la reproducción, explicaron cómo la escuela actúa como un mecanismo de "violencia simbólica" que consagra las desigualdades sociales al presentarlas como fruto de dones naturales o méritos individuales. Frente a esta visión, el pensamiento pedagógico revolucionario, con Paulo Freire a la cabeza, postula que la educación debe ser un acto político de liberación. Para Freire1, la educación verdadera no es la que deposita conocimientos en educandos pasivos (lo que denominó "educación bancaria"), sino la que, a través de un diálogo crítico, les permite leer el mundo para transformarlo. La pedagogía del oprimido es, por esencia, una praxis social que busca la humanización de todos los sujetos involucrados en el proceso.

 

La noción de praxis social, entendida como actividad humana consciente, reflexiva y transformadora, ofrece un andamiaje teórico privilegiado para repensar la formación ideopolítica del pueblo. En América Latina, la tradición de la pedagogía crítica—encarnada en Paulo Freire, en la educación popular y en las lecturas gramscianas de la hegemonía—ha insistido en que la educación es siempre un acto político y que la formación de subjetividades críticas es inseparable de la acción transformadora sobre el mundo. Sin embargo, persisten en el campo educativo enfoques tecnocráticos y funcionalistas que tienden a desvincular la transmisión de saberes de su dimensión ético-política.

 

El término "ideopolítica" sintetiza dos dimensiones inherentes a la condición humana social: la ideológica y la política. Su análisis por separado, aunque necesario a fines metodológicos, resulta insuficiente para captar la riqueza dialéctica de su unidad.

1.      Dimensión Ideológica: Lejos de ser una mera "falsa conciencia", la ideología, en una acepción marxista-leninista más amplia, es un sistema de representaciones (ideas, creencias y valores) a través del cual los hombres viven sus relaciones reales con el mundo y entre sí. La ideología, Rosental8 es: "sistema de concepciones e ideas: políticas, jurídicas, morales, estéticas, religiosas y filosóficas", que forma parte de la superestructura y refleja, en última instancia, las relaciones económicas de una formación social dada. En la sociedad de clases, existe una lucha ideológica permanente entre la ideología de la clase dominante, que aspira a perpetuar su hegemonía, y la ideología de las clases oprimidas, que busca su emancipación. La formación ideológica, por tanto, no es opcional; es el campo de batalla donde se define la dirección cultural y moral de la sociedad.

2.      Dimensión Política: La política, desde la perspectiva asumida, no se limita a la gestión gubernamental o a la lucha por el poder estatal. Es la actividad humana por excelencia dirigida a la organización de la convivencia, a la toma de decisiones colectivas y a la transformación deliberada de la realidad social. Implica la participación en los asuntos públicos y la definición del proyecto de sociedad que se desea construir. La formación política, en consecuencia, capacita a los individuos para comprender e intervenir en este ámbito, dotándoles de las herramientas teóricas y prácticas para ejercer el poder, ya sea como gobernantes o como ciudadanos soberanos que controlan y orientan a sus gobernantes.

 

La categoría "ideopolítica" fusiona estas dos dimensiones en un proceso único. No se puede formar políticamente a un ciudadano sin dotarlo de un marco ideológico que le permita interpretar la realidad, jerarquizar valores y definir sus intereses de clase. A la inversa, no se puede consolidar una ideología revolucionaria sin un pueblo que la encarne y la ponga en práctica a través de la acción política concreta. La formación ideopolítica es, pues, el proceso que forja la unidad indisoluble entre la conciencia (ideología) y la acción (política).

 

Los resultados permiten definir la formación ideopolítica como un proceso educativo intencional, complejo y sistemático, orientado a desarrollar conciencia crítica y capacidad de participación política.

Esta conceptualización supera la visión reduccionista que limita la formación política a la instrucción doctrinal, posicionándola como un proceso multidimensional que se despliega en todos los espacios sociales.

 

La formación ideopolítica constituye la expresión superior y más integradora de la educación política en el contexto de la construcción socialista. No se reduce a la mera instrucción en temas ideológicos o al conocimiento de las estructuras del Estado, sino que representa un proceso consciente, sistemático y multidimensional dirigido a la constitución del pueblo como sujeto político colectivo, dotado de una conciencia crítica y una capacidad transformadora activa. Comprender sus fundamentos y su verdadero alcance es esencial para cualquier proyecto educativo revolucionario.

 

La formación ideopolítica bebe de fuentes filosóficas y pedagógicas profundas. Del materialismo dialéctico e histórico toma la comprensión de la realidad como un proceso en constante movimiento y desarrollo, donde la lucha de clases es el motor de la historia. Esto implica que la formación no puede ser estática ni dogmática; debe enseñar a analizar la realidad concreta en su devenir, identificando las contradicciones principales y los sujetos protagónicos del cambio.

 

De la pedagogía crítica de Freire1|adopta el carácter dialógico y problematizador. La formación ideopolítica no puede ser un "depósito" de consignas en las cabezas de los educandos. Debe ser un acto de conocimiento colectivo, donde educador y educando aprenden juntos a "leer el mundo" para poder "reescribirlo". Es una práctica de la libertad que rechaza la domesticación y promueve la autonomía intelectual dentro de un marco de principios compartidos.

 

El pensamiento de Castro9 aporta un fundamento práctico indispensable. Para él, la formación del pueblo no era una tarea académica, sino una necesidad estratégica de la Revolución. Su método era la participación masiva en las tareas transformadoras. En estas experiencias de praxis colectiva, el pueblo no solo ejecutaba una orden, sino que comprendía, mediante la acción, el significado profundo de la solidaridad, el internacionalismo y la justicia social. La formación ideopolítica se realiza, así, en el propio quehacer revolucionario en la praxis social.

 

Como proceso sistemático, la formación ideopolítica integra varios componentes interrelacionados, los que se explican a continuación.

·         Componente Cognoscitivo: Impartición de conocimientos sólidos sobre la historia de Cuba, la teoría marxista-leninista, el pensamiento de José Martí y los líderes de la Revolución, la estructura del Sistema Político Cubano, el panorama internacional y la economía política. Sin un basamento teórico robusto, la convicción puede derivar en un voluntarismo vacío o un dogmatismo estéril.

·         Componente Axiológico: Formación y consolidación de un sistema de valores revolucionarios. No basta con saber qué es el socialismo; es necesario valorarlo y asumir sus principios éticos como pauta de conducta personal y social. Esto incluye el fomento de la honestidad, la austeridad, el antimperialismo, la solidaridad, la disciplina y la responsabilidad social.

·         Componente Actitudinal: Desarrollo de disposiciones emocionales y sentimentales favorables al proyecto socialista. Este componente trabaja con los sentimientos, la sensibilidad y la identificación afectiva con la Patria, la Revolución y el pueblo. Busca que los individuos no solo comprendan y valoren el socialismo, sino que lo amen y se sientan orgullosos de pertenecer a este proyecto.

·         Componente Práctico-Proyectivo: Es la dimensión aplicativa y creadora. Capacita para la acción política concreta: la participación en los órganos del Poder Popular, el análisis crítico de los medios de comunicación, la intervención en asambleas, la defensa de la nación y la contribución a la solución de problemas comunitarios. Es el espacio donde la teoría se verifica y se enriquece con la práctica.

 

La formación ideopolítica encuentra en el concepto gramsciano de hegemonía una de sus bases teóricas más sólidas. Para Gramsci,10 la hegemonía no es solo dominación política, sino también direccionalidad cultural e ideológica construida en la sociedad civil, que implica la elaboración y difusión de una concepción de mundo que logra constituirse en sentido común. Desde esta perspectiva, las instituciones educativas son espacios clave en la disputa hegemónica: pueden contribuir a la reproducción del orden dominante o constituirse en terrenos de formación de intelectuales orgánicos comprometidos con la transformación social.

 

Un análisis reciente sobre los debates entre pedagogías críticas, ciudadanía y formación política para la paz subraya que la educación no es neutral y que la formación ideopolítica requiere trascender el enfoque de la simple transmisión de información para asumir una perspectiva situada y reflexiva. Investigaciones sobre educación popular en Iberoamérica destacan que la formación ideopolítica del pueblo, implica no solo contenidos, sino fundamentalmente metodologías dialógicas y participativas que vinculan el aprendizaje con la praxis social concreta.

 

No obstante, la noción de formación ideopolítica no es unívoca ni está exenta de tensiones. En los sistemas educativos existen enfoques que tienden a reducirla a una simple transmisión dogmática de consignas, lo que contradice su naturaleza reflexiva y crítica. Autores como Gramsi10 recrean que el verdadero tránsito de la formación ideopolítica es aquel que emerge de la construcción y praxis reflexiva de significados y sentidos, superando la mera reproducción acrítica.

 

Diversas reflexiones desde la psicología social, la economía política y las pedagogías críticas también coinciden en que la formación ideopolítica del pueblo debe ser pensada como un proceso que articula la teoría y la práctica. Esto implica concebir la formación política como una estrategia de análisis y problematización que parte de las experiencias concretas de los sujetos.

 

 

 

La dimensión política intrínseca al acto educativo

 

En esta concepción, toda educación es, inevitablemente, política. La neutralidad es una ficción que oculta la hegemonía de una clase sobre otra. El interrogante no es si la educación es política, sino a qué proyecto político sirve. ¿Contribuye a la domesticación y adaptación de los individuos al orden establecido, o a su liberación y capacitación para la construcción de un orden nuevo?

 

La educación política, en el marco de la Revolución Cubana, no es una asignatura más en el currículum. Es la columna vertebral que da sentido a todo el proceso formativo. Es la que permite comprender el porqué y el para qué del conocimiento. Un profesional formado en la educación superior cubana no debe ser solo un técnico competente; debe ser, ante todo, un ciudadano consciente de su papel en la defensa y el perfeccionamiento del socialismo. Esto requiere una pedagogía que no se limite a informar, sino que forme. Formar en los valores de la solidaridad, el internacionalismo, la honestidad y la ética revolucionaria.

 

Entender la educación como proceso social y político, desde la óptica fidelista, es reconocer su poder constituyente. Es el proceso mediante el cual el "animalito que nace con los instintos naturales", Castro11 deviene un ser social, un sujeto político, un miembro consciente de un pueblo que se construye a sí mismo en el arduo y permanente camino de la Revolución. La educación superior, como espacio privilegiado de este proceso, tiene la alta responsabilidad de ser el laboratorio donde se forje la conciencia crítica que asegure la continuidad histórica de la obra revolucionaria, en un diálogo fecundo entre el legado de Fidel, el pensamiento marxista y martiano, y los desafíos del mundo contemporáneo.

 

La formación ideopolítica como proceso social y político en el pensamiento de Fidel Castro

 

Como afirmara, Castro9 no se trata de "decirle al pueblo cree, sino de decirle al pueblo lee". La fe revolucionaria debe sustentarse en la convicción racional y crítica. El análisis documental revela que, para Castro11 la educación constituye un proceso social totalizador que trasciende la instrucción formal. Su afirmación "la educación es todo, sin la educación no se desarrolla nada". Se sintetiza una visión donde lo educativo abarca la formación de valores, actitudes y conciencia crítica. Esta frase condensa la comprensión de que el desarrollo económico y técnico es insuficiente si no va acompañado de un profundo desarrollo cultural, ético y político del pueblo. Esta concepción dialoga con la pedagogía liberadora de Freire1 quien concibe la educación como praxis transformadora, donde educadores y educandos se relacionan para transformar la realidad.

 

En el contexto cubano, la formación del pueblo adquiere una dimensión profundamente política. Fidel Castro entendió que la Revolución solo podía consolidarse mediante la educación constante del pueblo. La Campaña de Alfabetización de 1961 no fue solo una hazaña pedagógica, sino un acto de justicia social y empoderamiento político, Castro9. Alfabetizar era, al mismo tiempo, desalienar e incorporar a las masas marginadas al cuerpo político de la nación. Como él mismo señalara, un hombre analfabeto "está fuera de la política", Castro12 por lo que la educación se erigió en la condición de posibilidad para el ejercicio de la soberanía popular. Como señalará en La Historia me Absolverá (1953), el programa educativo figuraba entre los seis puntos fundamentales del proyecto revolucionario, confirmando que, desde su génesis, la Revolución Cubana era esencialmente un proyecto pedagógico.

Castro entendió que la Revolución solo podía consolidarse mediante la formación constante del pueblo. Su expresión: “divulgar nuestras ideas y ganarnos el respaldo de las masas del pueblo” Mencía13 refleja la esencia de un proyecto pedagógico que busca la emancipación a través del conocimiento y la participación.

 

Fidel comprendió que el pueblo, en su sentido martiano y freireano, no es un objeto pasivo de la formación, sino su sujeto protagónico. Su célebre categoría "pueblo, si de lucha se trata", Castro12, define un sujeto histórico dinámico, cuya identidad y conciencia se forjan en la praxis revolucionaria misma.

 

La educación, en consecuencia, no puede ser un proceso vertical de adoctrinamiento, sino un diálogo permanente entre la vanguardia y las masas, donde el propio pueblo se autoeduca a través de su participación activa en la transformación de la realidad. Esto implica una relación dialéctica: la Revolución forma al pueblo, y un pueblo formado es el único garante de la profundización y permanencia de la Revolución.

 

La formación ideopolítica del pueblo, lejos de ser un fenómeno aséptico o neutral, constituye una práctica social profundamente imbricada con las estructuras de poder, los proyectos de sociedad y la lucha ideológica. Comprenderla en toda su dimensión exige trascender la visión reduccionista que la confina a las aulas y asumirla como un proceso integral que se despliega en el complejo entramado de las relaciones sociales, Martínez14.

 

Alcance y trascendencia en el contexto actual

 

El alcance de la formación ideopolítica del pueblo es total. No se circunscribe al sistema educativo formal, sino que debe permear todas las instituciones y espacios de la sociedad: la familia, los medios de comunicación, las organizaciones políticas y de masas, el arte, el deporte y la comunidad. Es una tarea de toda la sociedad.

 

En la actualidad, su trascendencia es mayor que nunca. Frente a una guerra cultural y mediática de alcance global, que promueve el individualismo, el consumismo, el escepticismo político y la resignación, la formación ideopolítica se erige como el antídoto y el baluarte. Su éxito no se mide por la capacidad de repetir consignas, sino por la capacidad del pueblo de:

1.      Interpretar de manera crítica los complejos fenómenos nacionales e internacionales.

2.      Defender con argumentos sólidos las conquistas de la Revolución y reconocer con sentido crítico sus deficiencias.

3.      Participar de manera creativa y protagónica en la búsqueda de soluciones a los problemas del país.

4.      Constituirse como un sujeto colectivo con una voluntad política unitaria y un proyecto de nación soberano e independiente.

 

En definitiva, la formación ideopolítica del pueblo es el proceso vital mediante el cual la Revolución se reproduce y se renueva a sí misma en la conciencia y la acción de las nuevas generaciones. Es la garantía de que el pueblo cubano no será nunca más un objeto de la historia, sino su sujeto consciente y soberano, capaz de llevar adelante, con firmeza y lucidez, la construcción ininterrumpida del socialismo.

 

 

Formación ideopolítica del pueblo.  Papel de los cuadros de la Revolución

 

El proceso de construcción socialista en Cuba ha otorgado un lugar central a la formación ideopolítica del pueblo. Más que una tarea informativa o doctrinal, esta formación es concebida como una praxis social donde la teoría marxista-leninista, el pensamiento martiano y fidelista se enlazan con la vida cotidiana, el trabajo productivo, la defensa nacional y la participación popular. En el centro de este proceso se ubican los cuadros de la Revolución, entendidos como aquellos dirigentes políticos, administrativos y sociales que, por su preparación y entrega, son considerados la "columna vertebral" Guevara15 del proyecto revolucionario.

 

Pero ¿cuál es exactamente el papel de los cuadros en la formación ideopolítica del pueblo? ¿Se trata de una función instructiva vertical o, más bien, de un proceso dialógico que se genera en la propia praxis social?, los cuadros de la Revolución son mediadores entre la ideología revolucionaria y la conciencia popular, destacando la naturaleza activa, reflexiva y transformadora de su labor. Al adoptar un enfoque de praxis social, se supera la visión instrumental de la formación ideopolítica, reconociéndola como un proceso que solo tiene sentido en la medida en que se traduce en acción concreta sobre la realidad, Almarales, Izaguirre y Guerra16

 

La noción de praxis social constituye el andamiaje teórico fundamental para comprender la relación entre cuadros de la Revolución y formación ideopolítica del pueblo. Entendida como actividad humana consciente, intencional y transformadora, la praxis integra dialécticamente la reflexión teórica y la acción práctica, rechazando tanto el activismo espontaneo como el dogmatismo contemplativo. En este marco, la formación ideopolítica del pueblo no puede consistir en la simple transmisión de consignas o contenidos ideológicos abstractos, sino que debe partir de las contradicciones reales de la vida social y estimular un pensar crítico que oriente la transformación.

 

Un estudio reciente sobre el trabajo político-ideológico en la universidad cubana subraya precisamente esta necesidad, al mostrar que la formación de valores trascendentes Lazo y Nicado17 requiere un encaminamiento consciente desde la comunidad educativa, con la participación de toda la comunidad universitaria, para hacer más eficiente el trabajo político-ideológico y reflejarlo en el fortalecimiento de los valores que defendemos y que necesitamos. No es, por tanto, un asunto burocrático, sino una construcción colectiva. En esta construcción, los cuadros de la Revolución —ya sean dirigentes del Partido, profesores, empresarios, administradores o líderes de organizaciones de masas y sociales— actúan como intelectuales orgánicos en el sentido gramsciano: sujetos capaces de elaborar y difundir una concepción de mundo que logra constituirse en sentido común, contribuyendo así a la disputa hegemónica en el terreno de la sociedad civil, Almarales, Izaguirre y Guerra18.

 

El concepto gramsciano de hegemonía utilizado en el artículo con anterioridad resulta de gran utilidad

para entender la función pedagógica de los cuadros de la Revolución. La hegemonía no es solo dominación política, sino también dirección cultural e ideológica construida en la sociedad civil. Las instituciones educativas y las organizaciones políticas son espacios clave en esta disputa, y en ellos los cuadros desempeñan un papel central al traducir los principios del proyecto revolucionario en prácticas concretas que orientan la vida de las personas.

 

En la experiencia cubana, la figura del cuadro de la Revolución ha sido definida en momentos fundacionales por Guevara15, quien lo concibió como “Un sujeto con suficiente desarrollo político como para interpretar las grandes directivas emanadas del poder central, hacerlas suyas y ponerlas en práctica con iniciativa creadora…”. Esta definición implica que el cuadro no es un mero ejecutor, sino un sujeto reflexivo capaz de contextualizar y enriquecer las orientaciones en el terreno de la lucha concreta.

 

Un trabajo actual relevante sobre la formación permanente de los cuadros de la Revolución destaca que este proceso ha de ser entendido como una necesidad ante la complejidad del escenario nacional contemporáneo, caracterizado por la actualización permanente del modelo económico y social cubano. Montero, Álvarez y Revolta19, los autores identifican premisas para hacer este proceso más individualizado y contextualizado, lo que apunta a la importancia de desarrollar metodologías que permitan superar las deficiencias en la gestión de la preparación de cuadros, en cuanto a la determinación de las necesidades individuales de aprendizajes y las limitaciones para la planificación, organización, ejecución, control y evaluación del impacto de las acciones en la práctica social, Brito, Delgado y Navarro20. Esta dimensión formativa de los cuadros de la Revolución, sin embargo, no se expresa únicamente en acciones explícitas de capacitación, sino que tiene lugar en el ejercicio cotidiano de sus funciones, Ramírez, Peñate, Salcedo y Montero21.

 

Un cuadro que, en el desempeño de su puesto, resuelve problemas escuchando a la población, que toma decisiones con transparencia y que muestra honradez y desinterés personal, está realizando una contribución inmensamente valiosa a la formación ideopolítica del colectivo con el que trabaja. En este sentido, el ejemplo personal se erige como el principal recurso pedagógico del cuadro revolucionario. Por eso, el Código de Ética de los Cuadros de la Revolución Cubana22, que recoge quince valores fundamentales, no es un acto formal, sino un acto profundamente pedagógico que busca reforzar estos comportamientos modélicos en los cuadros y en el pueblo.

 

Desafíos y perspectivas

 

Los resultados de la investigación revelan que el pensamiento de Fidel concibe la formación ideopolítica del pueblo como un proceso permanente, participativo y vinculado a la práctica revolucionaria, donde los cuadros actúan como entes relacionales entre la dirección estratégica y las bases populares, se constituyen en métodos esenciales para el desarrollo del proceso objeto de estudio, el ejemplo personal, la explicación, la escucha activa y la rendición de cuentas.

 

En el contexto actual, marcado por la crisis económica global, el recrudecimiento del bloqueo estadounidense y la complejidad de la actualización del modelo socialista cubano, la labor de los cuadros de la Revolución como formadores ideopolíticos del pueblo, afronta desafíos significativos. La investigación empírica identifica como insuficiencias principales: una tendencia a la burocratización y la verticalidad en el trabajo ideológico, que limita la participación activa de las masas; dificultades para adaptar los contenidos formativos a los rápidos cambios de la realidad nacional e internacional; y un rezago en el empleo de métodos innovadores que fomenten la reflexión crítica.

 

Las proyecciones para el perfeccionamiento y eficacia de tan acuciante labor, sugieren la necesidad de fortalecer la preparación de los cuadros de la Revolución en habilidades de comunicación, trabajo grupal y diagnóstico social, así como el impulso a modalidades de formación más participativas y flexibles, Sánchez y Savón23. La utilización de plataformas digitales, el aprendizaje basado en problemas desde la práctica y la sistematización de experiencias exitosas emergen como vías prometedoras para revitalizar la formación ideopolítica del pueblo desde los cuadros de la Revolución.

 

Conclusiones

 

La formación ideopolítica del pueblo como praxis social es una categoría que sintetiza la indisoluble unidad entre teoría y acción, entre reflexión crítica y compromiso transformador, implica un proceso complejo, dialógico y situado que busca forjar subjetividades capaces de leer críticamente la realidad e intervenir en ella.

 

La experiencia cubana da cuenta de que su efectividad depende no solo de los contenidos, sino fundamentalmente de los métodos y las condiciones institucionales en que se desarrolla. La educación popular, la investigación-acción participativa y las pedagogías críticas ofrecen horizontes metodológicos fecundos para este propósito.

 

Sostener una concepción de formación ideopolítica del pueblo como praxis social implica también asumir que se trata de un proceso inacabado, en permanente revisión y reconstrucción colectiva. En tiempos de crisis civilizatoria y reconfiguración de los poderes fácticos, insistir en la dimensión ético-política de la educación es una necesidad apremiante.

 

Los cuadros de la Revolución cumplen una misión insustituible en la formación ideopolítica del pueblo cubano, una misión que adquiere pleno sentido cuando se concibe como praxis social; se trata de encarnar valores, movilizar conciencias y articular el pensar con el hacer cotidiano. El cuadro es, ante todo, un educador político que enseña mediante su ejemplo, su capacidad de diálogo y su compromiso con la transformación de la realidad.

 

La calidad de su desempeño pedagógico es un factor determinante para que la ideología socialista se convierta en fuerza material capaz de impulsar el desarrollo de la nación y enfrentar los retos del presente. Por ello, la política de cuadros, más que un asunto de gestión administrativa, es una prioridad estratégica de la Revolución.

 

El desarrollo y complejidad de los problemas actuales requieren cuadros con una sólida preparación política e ideológica, profundamente actualizados en los temas teóricos y prácticos de la construcción socialista. La exigencia histórica, entonces, es continuar elevando la calidad de su formación para que sigan siendo la "columna vertebral" de un proyecto que se construye día a día con el protagonismo del pueblo.

 

Fidel Castro, con su proverbial visión estratégica, concibió a los cuadros de la Revolución dirigentes portadores de una conciencia; ciudadanos que comprendan que su conocimiento es un instrumento al servicio de la Patria y de la Revolución. Esta misión implica una profunda integración. El estudio del pensamiento de Fidel Castro, así como de la obra de José Martí y el marxismo-leninismo, no son apéndices en el conocimiento, sino ejes transversales que dotan de sentido ético y político a toda la formación.

 

Referencias bibliográficas

 

1.      Freire P. Pedagogía del oprimido. México D.F.: Siglo XXI Editores; 1970.

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5.      Álvarez de Zayas C. La pedagogía como ciencia (Epistemología de la educación). Santiago de Chile: Quimantú; 2016.

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Conflictos de intereses:

Los autores refieren no presentar conflictos de intereses.

 

Contribución de los autores:

·         Luis Antonio Guerra Vega: conceptualización, datos, análisis formal, metodología, administración de proyecto, recursos, supervisión, validación, visualización, escritura, borrador original, redacción, revisión y edición.

·         Tania María Almarales Jacas: Análisis formal, metodología, recursos, borrador original, revisión y edición.

·         Rafael Claudio Izaguirre Remón: Análisis formal, metodología, recursos, revisión y edición.